Bitácora
Crónicas del viaje en orden cronológico
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Bueno Día 1 — Villanueva del Duque → Fuente del Arco
La dehesa de Los Pedroches, la mayor extensión continua de encinar de Europa.
Fuente del Arco, final de la primera etapa tras 118 km por la dehesa.
Fortaleza árabe del siglo IX sobre un pitón volcánico, rehabilitada como mirador de 360°.
La antigua estación de la línea Zafra-Huelva, hoy Vía Verde y punto de encuentro de ciclistas. Salimos de Villanueva del Duque directos a la Cafetería Los Ángeles, donde nos esperaba un desayuno como Dios manda: café y tostadas de pan con jamón de Los Pedroches, el combustible perfecto antes de casi 120 km por delante. Con la panza llena, enganchamos la Vía Verde de Los Pedroches en la Estación de El Soldado y de ahí saltamos a la Vía Verde del Guadiato, que nos llevó en un primer momento hasta Cámaras Altas. Unos breves kilómetros de carretera después, volvimos a pisar la tierra compactada de la vía verde.
Ver la dehesa de Los Pedroches extenderse en todas direcciones —la mayor del mundo, Reserva de la Biosfera desde 2002— puso de golpe la escala de lo que teníamos por delante. Las pistas de tierra, acondicionadas sobre el trazado del antiguo ferrocarril minero de vía estrecha que unía Puertollano con Peñarroya-Pueblonuevo, dejaron rodar la bici casi sola entre los alcornoques mientras el sol todavía estaba bajo.
Cerca de Belmez el paisaje cambió de registro sobre la misma vía verde, y ahí apareció el Castillo de Belmez recortado sobre la roca caliza, tal cual lo vio Napoleón en 1810. Después de Peñarroya-Pueblonuevo paramos a comer en Fuente Obejuna antes de seguir hacia La Cardenchosa. Desde Peñarroya-Pueblonuevo hasta esa aldea, la minería se hizo omnipresente en el paisaje —el primer territorio industrial de Andalucía— hasta que, en mitad de la nada, apareció el menhir de pizarra negra de 2,5 metros que lleva plantado desde el Neolítico. De esos encuentros que solo pasan cuando viajas despacio.
Antes de llegar a destino paramos en Azuaga, con un patrimonio monumental que mereció la parada tras tantos kilómetros de dehesa. Después, unos cuantos kilómetros largos de carretera hasta que la Vía Verde de La Jayona nos dejó a las puertas de Fuente del Arco, donde nos alojaríamos las dos noches siguientes. Llegamos con las piernas cargadas de kilómetros pero sin apenas desnivel que lamentar —945 m en 118 km es una exigencia moderada—.
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Bueno Día 2 — Fuente del Arco → Fuente del Arco
La Mina La Jayona, Monumento Natural desde 1997, con su arquitectura industrial intacta.
El tramo duro y pedregoso entre Trasierra y Llerena, entre olivares y dehesa.
La Ermita de la Virgen de Ara, la 'Capilla Sixtina extremeña'.
Llerena, segundo centro poblacional de Extremadura en el siglo XVI y sede de la Inquisición. La etapa más corta en kilómetros del Beturia, pero la más densa en historia. Nada más salir de Fuente del Arco llegamos a la Mina La Jayona, Monumento Natural desde 1997: pagamos la entrada y recorrimos a pie los niveles de una explotación de galena argentífera que extrajo más de 270.000 toneladas de plata y plomo entre 1900 y 1921. La arquitectura industrial de principios del XX sigue intacta, como si el tiempo se hubiera detenido el día que cerró por las huelgas.
Desde la mina, y antes de llegar a Llerena, nos desviamos a la Ermita de la Virgen de Ara —26 paneles del Génesis pintados en 1736, la "Capilla Sixtina extremeña"— una parada que por sí sola ya justificaba el día. Desde ahí pasamos por Trasierra, y de ahí a Llerena el camino se volvió duro y pedregoso, bordeando olivares y dehesa con el silencio roto solo por los jilgueros. Llerena apareció con una presencia inesperada para un pueblo de esta comarca: segundo centro poblacional de Extremadura en el siglo XVI, sede del tribunal de la Inquisición más extenso de España. Paramos a comer en el Café Bar San Antón, ya con las piernas relajadas tras la subida.
El regreso pasó primero junto a Regina Turdulorum, la ciudad romana con teatro para más de mil espectadores, antes de subir con fuerza hasta la Alcazaba de Reina, almohade del siglo XII — una rampa dura que se hizo notar en las piernas, pero que se pagó con creces al llegar arriba: las vistas sobre toda la comarca desde ese punto son de las mejores de todo el viaje. Desde ahí, ya solo quedó cerrar el círculo de nuevo en Fuente del Arco — un día con más patrimonio por kilómetro que cualquier otro del viaje.
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Muy duro Día 3 — Fuente del Arco → Fuente Obejuna
Guadalcanal, antigua sede de encomienda de la Orden de Santiago, primera parada de la etapa.
Alanís, pueblo encalado a 680 m con castillo árabe del siglo XIII.
El Cordel del Robledo, cañada ganadera histórica que apenas ha cambiado desde la trashumancia.
La Carretera Perdida cruzando el Bembézar: el tramo más salvaje de toda la ruta. Hay etapas que se hacen y etapas que se viven, y esta fue de las segundas — la más dura del viaje, sin discusión. 86 km y 1.333 m de desnivel a través del Parque Natural Sierra Norte de Sevilla, por veredas de pastores y el tramo que los locales llaman la "Carretera Perdida": una vía que estuvo 15 años sin mantenimiento hasta que en 2021 la Junta tuvo que invertir 90.000 euros para recuperarla del olvido.
A mitad de etapa paramos en Guadalcanal, donde en 1555 se descubrieron minas de plata que, según los mineros de las Indias, superaban a las de Perú, antes de seguir hacia Alanís, con su castillo de 1392 volado a dinamita por las tropas napoleónicas en 1808. Desde ahí, la ruta se adentró en el tramo más solitario del viaje: la Carretera Perdida bordeando los ríos Onza y Bembézar durante kilómetros sin cruzar un alma, con firme variable entre gravilla, tierra y restos de asfalto agrietado por la vegetación.
Ya cerca del final, paramos a tomar algo en un bar de Argallón, el último respiro antes de encarar los kilómetros que quedaban hasta la meta. Llegar a Fuente Obejuna con las piernas agotadas después de 86 km de sierra tuvo algo de catártico — el mismo pueblo donde, la noche del 22 de abril de 1476, los vecinos se alzaron contra su comendador y todos respondieron igual ante el interrogatorio real: "Fuente Obejuna lo hizo". Cena de recuperación en el Kiosko Sillero y noche en el Hotel El Comendador, con la sensación de haber superado el día que separa esta ruta de cualquier otra de gravel.
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Excelente Día 4 — Fuente Obejuna → Villanueva del Duque
La Vía Verde del Alto Guadiato, sobre el trazado del ferrocarril minero cerrado en 1970.
La Trinchera Bonita: 10 m de altura y 280 m de longitud excavados entre 1895 y 1906.
Peñas Blancas, antigua estación del ferrocarril minero, hoy rehabilitada como área de descanso.
La dehesa de Los Pedroches, con el cerdo ibérico de bellota como protagonista del paisaje. Después de la etapa más dura del viaje, esta jornada fue una exhalación: 56 km, 418 m de desnivel, dificultad baja. Sin trampas, con tiempo por fin para mirar. Desayuno tranquilo en Belmez antes de bajar por el Alto Guadiato, con vistas sobre lagos artificiales que no son otra cosa que antiguas excavaciones mineras a cielo abierto inundadas — territorio que en 1914 hizo de Peñarroya-Pueblonuevo el primer foco de fundición de plomo del mundo, hoy abandonado y silencioso.
Rodamos sobre el trazado de la Vía Verde de la Minería, el antiguo ferrocarril de vía estrecha que estuvo en servicio 64 años hasta 1970 y que hoy forma parte de la nueva Vía Verde de Guadiato y Los Pedroches. Paramos primero en la Trinchera Bonita: un corte en la roca de 10 metros de altura y 280 de longitud excavado a mano entre 1895 y 1906, con los pliegues y estratos de Sierra Morena a la vista como en ningún otro punto de la ruta. Un poco más adelante llegamos a Peñas Blancas, la antigua estación rehabilitada, buen sitio para un segundo respiro.
La transición hacia Los Pedroches se notó enseguida: el suelo se volvió granítico, las encinas se cerraron, el horizonte se suavizó. Llegamos a Villanueva del Duque con tiempo de sobra para pasear por un pueblo con más historia de la que sugiere su tamaño — la iglesia de San Mateo con el conjunto de tallas románicas más antiguo de Andalucía, y un cielo nocturno con certificación Starlight que promete después de la cena.
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Excelente Día 5 — Villanueva del Duque → Villanueva del Duque
La dehesa de Los Pedroches en el último día, cerrando el círculo del viaje.
El Santuario de la Virgen de Luna, cuya imagen rota 245 días al año entre dos pueblos.
La Torre de Pedroche, 56 m de granito obra de Hernán Ruiz II, el arquitecto de la Giralda.
La montanera: cerdos ibéricos pastando en libertad por los mismos caminos de la ruta. La última etapa del Beturia empezó como todas las anteriores —bici cargada, pista de tierra, encinas— pero con algo distinto: la certeza de que se acababa, y las ganas de mirarlo todo bien. Desde Villanueva del Duque pusimos rumbo directo a Pozoblanco, capital de Los Pedroches, la primera pausa del día.
Desde Pozoblanco seguimos hacia el Santuario de la Virgen de Luna, en plena dehesa, con esa curiosidad de que la imagen pasa 245 días al año fuera del santuario, rotando entre dos pueblos según un calendario litúrgico centenario. Después tocó parar a comer en Villanueva del Córdoba, la capital del jamón ibérico gracias a las fincas de cerdo ibérico de Los Pedroches, con las piernas ya notando los cuatro días anteriores, antes de retomar el camino hacia Pedroche, donde por fin tuvimos de cerca la Torre de Pedroche: 56 metros de granito construidos entre 1520 y 1588 por Hernán Ruiz II, el mismo arquitecto que transformó el minarete almohade en el campanario de la Giralda. 88 km no son los más duros del viaje, pero sí de los más hermosos: el corazón de la mayor dehesa continua de Europa, recorrida a ritmo propio y sin prisa por llegar.
El regreso pasó junto a la Ermita de la Virgen de Guía, a 750 metros de Villanueva del Duque, con vistas de 360° sobre la dehesa que comparten como patrona cinco pueblos de la comarca. Cerrar el círculo exactamente donde empezó el día 1 puso el broche a cinco días que dejaron claro por qué esta ruta se llama Beturia: legado minero y dehesas infinitas, en una sola frase.