Bitácora

Crónicas del viaje en orden cronológico

  1. Bueno

    Día 1 — Sevilla → Castilblanco de los Arroyo 44.7 km · 555 m D+

    Torre del Oro de Sevilla
    Torre albarrana almohade del siglo XIII, inicio simbólico de la Vía de la Plata en bicicleta.
    Catedral de Sevilla
    La tercera catedral más grande del mundo, punto de partida jacobeo de la ruta.
    Vado de Castilblanco
    Paso del río sin puente camino de Castilblanco: hay que cruzar saltando de piedra en piedra.
    Vereda de Sevilla a Guillena
    Vía pecuaria histórica entre encinas y olivares, de las más agradables del primer día.

    Arrancamos con el contraste que define a Sevilla: la Torre del Oro y la Catedral todavía con el bullicio turístico de la mañana, y diez minutos después ya rodando por el corredor verde del Guadalquivir hacia Santiponce, lejos del tráfico. Un prólogo corto —apenas 45 km— pensado para coger el ritmo antes de lo gordo.

    El terreno se porta bien hasta Guillena: llano, fácil, casi de trámite. Ahí tocó "jugar" en el Vado de la Rivera de Huelva, cruzando el río saltando de piedra en piedra con las alforjas ya puestas. Pasado Guillena la etapa se pone seria de verdad: un tramo pedregoso justo a la salida y luego el ascenso constante hacia Castilblanco, el primer repecho serio del viaje.

    Los últimos kilómetros hasta Castilblanco de los Arroyos, tradicionalmente por la A-8013, los hicimos por el camino paralelo que ya existe — mucho mejor que compartir asfalto con los coches. Llegamos a Casa Salvadora con las piernas avisando de que el viaje va en serio, pero con la sensación de haber cumplido: primer día hecho, y ya oficialmente en el Camino.

  2. Muy duro

    Día 2 — Castilblanco de los Arroyos → Zafra 109.2 km · 1789 m D+

    Ganado junto al Castillo de las Torres en la Vía de la Plata
    Castillo de las Torres, fortaleza medieval que marca el paso entre Andalucía y Extremadura.
    Charco Oscuro
    Poza de agua oscura y profunda en el Parque Natural Sierra Norte de Sevilla.
    El Calvario
    La subida más dura del día: toca bajarse y empujar, pero la vista a Sierra Morena compensa.
    Zafra
    Plazas porticadas y castillo ducal: la recompensa tras la etapa más dura del viaje.

    El verdadero bautismo de fuego del viaje: 109 km y casi 1.800 m de desnivel positivo, la etapa reina de toda la Vía de la Plata. Si el primer día fue un paseo de cortesía, este te pone a prueba los cuádriceps y la paciencia por igual.

    El Calvario hizo honor a su nombre: toca bajarse y empujar la bici, pero la panorámica de Sierra Morena al coronar compensa cinco minutos de maldiciones. Entre Almadén y El Real de la Jara nos tocó decidir entre la gincana oficial de cancelas que cortan el ritmo cada pocos metros o la carretera — elegimos la carretera, y no nos arrepentimos. El momento más surrealista del día: bajar escaleras con la bici a cuestas para acceder a una vía de servicio tras cruzar una autovía, puro contraste entre dehesa salvaje e infraestructura moderna.

    Cruzamos de Andalucía a Extremadura junto al Castillo de las Torres, y llegar a Zafra después de tanto esfuerzo fue el paraíso: plazas porticadas, el Parador en el castillo ducal y jamón ibérico como premio. Dormimos en el Albergue Convento de San Francisco (con desayuno incluido, se agradeció) sabiendo que acabábamos de superar el techo del viaje — a partir de aquí el terreno ya no sería tan rebelde.

  3. Bueno

    Día 3 — Zafra → Mérida 63.1 km · 477 m D+

    Puente Romano de Mérida
    792 metros sobre el Guadiana, uno de los puentes romanos más largos del mundo aún en pie.
    Teatro Romano de Mérida
    El mayor conjunto arqueológico romano de España, Patrimonio de la Humanidad.
    Anfiteatro Romano de Mérida
    Junto al teatro, parte del gran conjunto monumental de Augusta Emerita.

    Después de la paliza del día anterior, tocaba volar: etapa fácil, rápida y prácticamente plana, ideal para poner el plato grande. El paisaje cambia de golpe — rectas infinitas entre viñedos por Los Santos de Maimona, Villafranca de los Barros y Torremejía, con los miliarios romanos marcando el camino.

    No todo fue coser y cantar: el trazado oficial por los pueblos es poco amigable con la bici, con calles en sentido contrario que obligan a improvisar. Y el tramo final hacia Mérida, el que en teoría es de tierra, estaba en pésimo estado — cortado por arroyos y por las obras del AVE. Tiramos de la N-630 para no acabar en un barrizal, y fue la decisión correcta.

    Entrar en Mérida cruzando el puente romano sobre el Guadiana, con sus 792 metros, fue de los momentos más memorables del viaje entero — como si fuéramos legionarios regresando a casa. Llegamos con tiempo de sobra para el Teatro Romano y el Anfiteatro, y dormimos en el Hostal Emeritae con la sensación de haber cambiado esfuerzo físico por riqueza monumental. Un gran día.

  4. Excelente

    Día 4 — Mérida → Cáceres 79 km · 984 m D+

    El Carrascalejo, camino del Parque Natural de Cornalvo
    El Carrascalejo, en el tramo hacia el Parque Natural de Cornalvo.
    Puente antiguo de Casas de Don Antonio
    Puente histórico sobre el río Ayuela, en el tramo más despoblado entre Mérida y Cáceres.
    Ganado en la Vía de la Plata camino de Cáceres
    La dehesa extremeña en todo su esplendor, camino de Cáceres.
    Cáceres
    El casco histórico medieval más grande de España, Patrimonio de la Humanidad.

    El día que todos recordamos como el mejor del viaje. La salida de Mérida ya lo dejó claro: pedaleando bajo los arcos del Acueducto de los Milagros y, poco después, bordeando el Embalse de Proserpina, una presa romana del siglo II que sigue en uso 2.000 años después. Un lujo para la vista desde el primer kilómetro.

    Tras pasar El Carrascalejo y Aljucén entramos en el Parque Natural de Cornalvo, con el Puente de Trajano como hito histórico y un paisaje que, con la primavera generosa, se convirtió en un mar de flores y agua. En Aldea del Cano nos llevamos el único chasco del día — todo cerrado — y el plan B fue la gasolinera de la autovía: no será el restaurante con más encanto, pero cuando aprieta el hambre en ruta, ese menú del día supo a gloria.

    El último reto antes de Cáceres fue el Puerto de las Camellas, con tramos de firme rebelde que nos hicieron valorar la opción de la N-630. Pero cerrar el día en Cáceres, perdiéndonos por su casco antiguo Patrimonio de la Humanidad al atardecer entre palacios y torres de piedra dorada, hizo que cada pedalada del día valiera la pena. Dormimos en el Hotel Don Carlos con la sensación de haber vivido la mejor etapa del viaje.

  5. Duro

    Día 5 — Cáceres → Carcaboso 91.3 km · 1201 m D+

    Camino Natural junto al río Almonte, Vía de la Plata
    El Camino Natural que discurre junto al río Almonte, uno de los tramos más técnicos del día.
    Galisteo
    Pueblo amurallado medieval con una de las murallas almorávides mejor conservadas de España.
    Puente Medieval de Galisteo
    Puente de piedra del siglo XVI sobre el río Jerte, junto a la muralla de Galisteo.
    Carcaboso
    El Parque de los Miliarios reúne varias columnas romanas en su emplazamiento original.

    La penúltima etapa fue una montaña rusa de sensaciones: técnica, larga y con más de un "engaño" en el camino. Tras salir de Cáceres y pasar los miliarios romanos, llegamos al Embalse de Alcántara, donde el trazado se bifurca — el Camino Natural es una delicia técnica de piedras y saltos, pero con alforjas cargadas se suda tinta. La subida hacia el Refugio de la Cama del Tajo fue dura, aunque las vistas del embalse actuaron de analgésico para las piernas.

    Cerca de Cañaveral el trazado oficial intenta subir por lo que parece un cortafuegos impracticable; descartamos esa opción y buscamos la variante por el bosque de alcornoques, mucho más amable y sombreada, antes de coronar el Puerto de los Castaños. Llegar a Grimaldo a comer fue casi una misión de rescate por un laberinto de senderos, pero el camino nos dejó literalmente en la puerta del restaurante — la comida supo a gloria después del esfuerzo.

    Cerca del Embalse del Boquerón picamos con el desvío señalizado hacia Riolobos, cuando lo auténtico era seguir hacia Galisteo — pueblo amurallado junto al Jerte que parece congelado en el tiempo. Entrar por sus puertas de piedra, recorrer la muralla y cruzar el Puente Medieval fue el mejor cierre posible para un día tan exigente. Llegamos a Carcaboso —final de etapa por pura logística, el siguiente pueblo está a casi 40 km— y dormimos en la Casa Rural Exedra para recargar pilas antes del último empujón.

  6. Excelente

    Día 6 — Carcaboso → Plasencia 41.4 km · 724 m D+

    Arco de Cáparra, final de la Vía de la Plata en bicicleta
    El único tetrapilo romano conservado en España, clímax histórico del viaje.
    Vía Verde de la Plata
    Tramo de vía verde sobre el antiguo ferrocarril Mérida-Astorga, firme cómodo y sin tráfico.
    Ventaquemada
    Cruce histórico de caminos en el eje de la Vía de la Plata, referencia jacobea medieval.

    El gran final. La salida de Carcaboso fue el tramo más sensorial de todo el viaje: praderas verdes, muros de piedra seca y un sendero estrecho entre flores y encinas donde por fin conectamos con la esencia de Extremadura en absoluta soledad.

    Llegar al Arco de Cáparra, el único tetrapilo romano conservado en España, fue el clímax histórico del viaje entero — la foto de rigor, soltar el aire y decir "lo hemos conseguido". Desde ahí, la vuelta hacia Plasencia por la recién estrenada Vía Verde de la Plata fue una gozada: rápida, divertida y sin tráfico, sobre el trazado del antiguo ferrocarril Mérida-Astorga.

    Pero el camino guardaba un último regalito: la estación de Monfragüe-Plasencia no está en el centro, sino a unos 12 km, con una subida final de 3 km al 8% que se nota y mucho con las alforjas cargadas de recuerdos. Antes de coger el tren, tiempo justo para un paseo por la Plaza Mayor de Plasencia y una comida de despedida. Con el billete de Renfe ya en el bolsillo, cerramos así la Vía de la Plata: de la Giralda de Sevilla al Arco de Cáparra, seis días después.